domingo, 29 de diciembre de 2013

Catarsis

Trabajaba desde el anonimato absoluto. Dando lo mejor y lo peor de sí mismo. Lo entregaba todo, y aún así sabía y disfrutaba de la idea de que total no le valdría para nada. Porque ser feliz mediante el dolor, y lograr convertir ese dolor en felicidad solo valen para uno mismo. Es de ese tipo de felicidad que tiene que ser egoísta.

Primero iniciaba con el ejercicio de la resta. Se servía de él, de sus máscaras, de sus alegrías y de sus penas. Recordaba su miseria y se servía también de ella. Todo lo sometía a una misma hoguera y cuando sentía que él mismo se fundía en su propia inversión, era más feliz que nunca. Nadie podría disfrutar más que él de aquel ejercicio liberador, tantas veces improvisado...
Luego, cuando se quedaba sin nada más que las cenizas y el silencio otorgado por algún dios después de conjurar a mil demonios, empezaba con el ejercicio de la suma. Siempre tratando de volver a ser el mismo, pero por mucho que lo intentara o que lo quisiera no podía, él lo sabía. Esos juegos siempre son peligrosos, y quien los juega ya nunca más puede volver a ser quien era. 

Él así lo quiso, fue su decisión -o su destino-. Era su condena, estaba irremediablemente obligado a ser escritor.  

viernes, 20 de diciembre de 2013

Ofrenda

Los conejos danzaban formando círculos alrededor de un corazón. Era una ofrenda secreta elevada al dios Abrax. Su cuerpo estaba tendido sobre la hierba y podía ver el cólera en la mirada de las estrellas. Había cometido tantos errores... nadie puede ganar una partida de ajedrez si juega con ambas piezas. La lluvia nunca fue tan liberadora como cuando golpeó tan fuerte como las mentiras. Era un sacrificio. Los conejos danzaban formando círculos alrededor de un corazón. 

martes, 10 de diciembre de 2013

Diario de un escritor

Era producto de mi imaginación enfermiza buscar los rostros de mis personajes por la calles más transitadas de la gris ciudad, siempre estaba a la expectativa, y con la sensación angustiante de que sí era posible que existieran  en esta realidad difícil y triste aquellos seres imaginarios que habitaban en las paginas de mi diario en mi mente y en mí.


Muchas veces salí de casa con la certidumbre de que encontraría a Azula. Un día corrí a toda prisa hasta llegar al parque central, en donde creí que la había matado (aunque en realidad no fui yo, sino mi pluma), su muerte vino como un desenlace fatídico para mí, lo escribí con tanta furia que no conseguí paz hasta poner el punto final. Después, cuando el proceso catártico había al fin terminado, y con e corazón quebrantado, lloré hasta el amanecer, pero para la mañana siguiente ya la había enterrado en las profundas tierras del olvido y su recuerdo solo aparecía en la pesadillas turbias de las noches de coñac.



Tan pronto como llegue a aquel parque supe que ya nunca la lograría ver, pues para verla de nuevo, debía cruzar el umbral de la vida y por ahora no estaba en disposición de dar mi vida ni por ella ni por nadie;  porque no hay nada más importante que la vida misma y todos aquellos que aseguran se capaces de dar hasta su propia vida por la persona amada no son más que unos pretenciosos, unos romanticos trasnochado, a los que el sueño del amor no les deja ver claramente la realidad.



Pero no es por miedo a la muerte o al amor que escribo estas líneas, sino porque más allá de la razón y la imaginación, he logrado algo aparentemente imposible: unir la realidad y la ficción de un modo casi lunático. 



Fue en uno de esos días en los que mi vida se tornaba monótona y aburrida, y cuando mis alteregos no daban para más, que empezaron a aparecer frente a mí uno a uno los personajes que había tomado prestados de los libros de Hesse, de Waltari, de los de Camus, de los Proust; y así me encontré de pronto con Harry, con Armanda, con Sinuhé, con el cómico Kapta y con otros muchos personajes verdaderamente atormentados. Fueron tardes maravillosas, en las que inventaba monólogos difíciles, en las que jugaba a ser otro, en las que me sentía menos sólo... fue en una de esas tardes malditas que conocí al amor de mi vida, ese que ya nunca jamás se olvida, y fue por él que casi pierdo la poca lucidez que en ese entonces tenía.



Azula no era un personaje más de un libro, no, ella era única, no era fruto de la fantasía de ningún otro escritor, era mía, sólo mía y no sería la protagonista de otra historia sino de ésta. Ella me venía desde lo más profundo de mi ser, como queriendo darse, como queriendo nacer,y así fue. Azula tenía un aura especial, no era un ser como cualquier otro, no, ella se movía entre lo mágico y lo real. A veces cuando aparecía en mi habitación me reclamaba por los finales felices, no había nada en este mundo o en los muchos otros que ella solía visitar que odiara más que un final feliz. 



Ella era así, fría, cruel, misteriosa, intrigante, bella y a veces dulce. Desde que la vi por primera vez supe que la amaría hasta el último día de mi vida, pero también comprendí que un amor tan desmedido como ese me podría llevar a la muerte o la locura, por eso resistí lo más que puede, pero al final me deje embriagar por su amor y su belleza. Y esa fue mi desventura.




Azula había logrado en mí lo que nunca nadie nunca jamás habría podido imaginas: había hecho de mí un hombre feliz, pleno y medianamente bueno, pero ese hombre en que me había convertido no era yo, y por esa misma razón la felicidad que me proporcionaba no podía ser real, pues no correspondía a mi verdadera esencia; ella estaba acabando con mi naturaleza sobria e implacable, poco a poco y por su culpa, yo estaba perdiendo mi identidad y eso era algo que no me podía permitir, y fue por ese motivo que tuve que matarla, aunque nunca lo hubiese querido ni pudiese perdonármelo, así lo hice, tuve que hacerlo... y así fue como desapareció para siempre, como si nunca hubiese existido, como si yo me lo hubiese inventado todo, como si se tratase sólo de un sueño. 



Aunque ella ya no esté aquí yo sigo encadenado a su amor, y su amor me duele más que su ausencia, el saber que todo fue mi culpa solo aumenta la pena ¡cuanto daría por tenerla de nuevo entre mis brazos! ya es tarde para ensoñaciones inútiles. Ella se fue para nunca más volver.

Pasan lo días y las noche mientras la vida sigue ahí, suspendida para mí... y sólo me queda esta espera que me ha arrojado al infierno de la desolación, y se lleva mi alma sin ninguna compasión, y esta maldita espera que me trae una y otra vez la misma idea siniestra, de que tal vez quien murió no fue ella sino yo. 









  

lunes, 9 de diciembre de 2013

Mon chéri

Escuche tu voz, pero yo aún estaba demasiado adormecida, tú te despedías y me decías adiós, yo estaba confundida y no lo entendía, era como un sueño sumamente surrealista. Yo cerré los ojos y caí dormida, tú no quisiste despertarme y así pasaron los días.... y mientras soñaba fui reviviendo recuerdos, y recogí todas las flores que te llevaba de niña, repase las lecciones de historia y cada una de las oraciones latinas, y recree tu voz para escuchar de nuevo cuanto me querías, y te vi ahí, siempre junto a mí... ¡Me alegró tanto ver otra vez tu sonrisa! tú estabas tan alegre, y me preguntaste ¿cómo estaba? yo dije que bien -pero no era verdad-. Estabas tan contenta que no podía hacer más que estar feliz por ti... cuando desperté ya no estabas conmigo, yo estaba sola y vi que me habías dejado un nomeolvides, recordé el sueño y me perdí en aquel punto azul...


Había soñado contigo tantas veces, y en todos los sueños podía oír tu voz... oh, mon chéri, dime ¿qué significan todos estos sueños? No es tan sencillo despertar cada mañana sabiendo que el azul de tu aura se ha extinguido. Puedo ver los periódicos todos los días y los crucigramas siempre tienen las mismas preguntas que sólo tú sabías resolver... todo a mi alrededor yace como naturaleza muerta.



Escucho tu voz cada noche, y ya los fantasmas me han contado que conocen todos mis secretos, y ríen como si fuéramos viejos amigos... oh, mon chéri, dime ¿qué significan todos estos sueños? 

martes, 3 de diciembre de 2013

Los días de Chopper y yo sin ti

Chopper me observa desde la escalera de madera. Hay un silencio prolongado entre los dos: ninguno esperaba a que te fueras, y la tristeza no se desvanece con el transcurrir de los días; él ha perdido a su amo y yo a quien más he amado en toda la vida... quizá la melancolía que nos une sea la misma.

Ambos seguimos viendo los mismo programas de siempre, le sigo comprando el mismo concentrado en el mismo supermercado, el lado de la cama para mí sigue siendo el mismo, Chopper no se atreve a dormir en tu lado, a él le sigue gustando dormir junto a mis pies. Nada en este departamento ha cambiado: tus libros, tu cepillo de dientes, tus gafas de sol, tu taza especial para el café ¡Todo! permanece exactamente en el mismo sitio. Incluso, Chopper sigue siendo el mismo impaciente que siempre molesta a los vecinos, y continúan llegándome las quejas de la administración, no puede escuchar un timbre porque empieza a ladrar... como verás las cosas siguen yendo como antes, sólo que sin ti, como si el libro de nuestras vidas hubiese quedado suspendo en la página en que desdiste salir, y ya no pudiéramos dar vuelta hacia delante, como si nos resistiremos, como si el hecho de resignarnos fuera opcional...


Yo no sé si vas a volver o no, pero cuando Chopper me observa así, como esperando a que le de una noticia sobre ti, no hay mucho que yo pueda hacer, es como si él me contagiara de la idea de que vas a volver, y de pronto empiezo a creer que en cualquier momento vas a llegar, y nos vas a contar todo lo que pasó y tus argumentos serán tan convincentes que te los creeremos y nos olvidaremos pronto de tu inexplicable ausencia. 


Ha sonado el timbre y aquel sonidito me ha resultado familiar... Chopper siempre que alguien viene de visita cree que eres tú, antes yo también lo creía, lo esperaba, pero ahora solo lo anhelo; él se vuelve loco, y me pongo mal cuando veo que se trata de Ana o Ema, pero intento que no lo noten... quizá sea la Señorita Stell


Chopper está en la sala y me mira con un brillo autentico en sus ojos, empieza a ladrar euforicamente, qué raro -pienso- ha esperado hasta verme para actuar como un loco. Trato inútilmente de calmarlo, es como... es como si se tratase de tu llegada.


Ahora de nuevo creo que eres tú, apenas si puedo respirar y sostenerme al mismo tiempo, camino hacia la puerta con la sensación de que ya estoy muerta, muerta de miedo o de felicidad. Pero... abro y ya no hay nadie, tal vez se han equivocado de departamento y lo han notado a tiempo... me vuelvo hacia Chopper, no hay nada que decir, él lo comprende en seguida con una sola mirada, es la misma mirada llena de desilusión que le ha dicho otras tantas veces que no eres tú. 


En las noches sombrías


En noches sombrías como ésta cuando no se escucha ya nada, cuando el aire está cargado de intriga y de silencio imagino qué sería de mi vida si lo hubiera dejado todo por ti, si hubiera vendido mi alma por amor, así fuera sólo por un poco de amor ¿ acaso sería feliz? No lo sé, ya nunca lo sabré. Las oportunidades como esa solo vienen una vez cada cien años y ya es demasiado tarde para mí y mis arrepentimientos. 
Tal vez así debió ocurrir, las estrellas habían trazado nuestros destinos desde mucho antes de nuestro nacimiento, y nada debía alterar la majestuosa fuerza de la fatalidad, tú y yo solo fuimos víctimas de una causalidad sin causa, de una contradicción lógica, de un mecanicismo sin fuerza. Tu destino y el mío eternamente paralelos, condenados a extrañarnos sin la redención de la muerte o el olvido, ocupando lugares y tiempos distintos. Lejos, muy lejos, pero al mismo tiempo cerca, muy cerca ¿cómo es posible? No lo sé, pero así fue…


Bato sólo vernos una vez… esa vez, cuando inesperadamente mis ojos se encontraron con los tuyos, fue una simple coincidencia milenaria que tuvo lugar gracias otras miles de millones de coincidencias , y éstas finalizaron en el milagro de encontrarnos y mirarnos durante un instante lo suficientemente eterno para comprender que eras tú mi complemento perfecto, pero aun así hubo una fuerza mucho más grande, mucho más poderosa; Una fuerza oscura y siniestra que no pudimos entender ni detener y que hizo de nuestras vidas un devenir sin sentido, sin una causa primera y lo más imperdonable aun: sin un fin


Ahora mientras contemplo la luna y las estrellas durante las horas insomnes pienso en mí, ya no en ti, y veo desde mi escritorio la panorámica de una habitación descuidada, llena de libros, de notas y cuadernillos que ya olvidé por qué escribí, historias ya terminas y otras que apenas estoy por escribir, y él está en medio de mi caos universal, en medio de un suelo cubierto de hojas deshechas por el azar, duerme tranquilo y su ron ronronear inconstante me transmite la paz, esa paz que necesito para comprender que finalmente logré ser feliz

Harry Haller

Escucho el sonido de la puerta y por los sigilosos pasos descubro tu presencia, has vuelto, cuando menos lo esperaba, justo cuando creía que iba a pasar solo la noche. Pero, ¿cómo es que ha sucedido? ¿Acaso es hoy el aniversario de nuestra relación furtiva? -No, claro que no- No es hoy ni lo será nunca ¿Y sabes por qué? ¿En serio te lo preguntas? ¡Qué estúpido soy! Mil y una vez más maldigo mi vida, nunca dejaré de encararme esta absurda manía, porque estoy solo en mi habitación y nada (excepto mi sombra) se asemeja a una figura humana. Solo, completamente solo en medio de una noche de invierno, hablándole ¿A quién?  a la nada, suspirando y bebiendo coñac... y te veo... y me duele tenerte tan cerca ¡Y saber que fuiste mía! y que te has ido para ya nunca volver a serlo.

Y.... estoy solo y sucumbo en una terrible pena, y te pienso todo el tiempo, y aun cuando no me lo creas, te digo que no me he logrado sobreponer a tu pérdida. Ahora paso las noches enteras frente a la chimenea y te recuerdo.... Y hoy, precisamente hoy me vino la imperiosa necesidad de confesarte de que contigo fui feliz. Pero no estás, y poco importa lo que pueda decir porque ya nada te hará volver a mí. 

He vuelto

¡Hola! Sí, luego de tantos y tantos meses he vuelto (lo sé.... fueron muchísimos) ...demasiadas cosas han cambiado en mi vida y también en mí. Y  bueno todo lo que me ha ocurrido ha contribuido de alguna manera en lo nuevo que les traigo. Aunque hay algunos textos que había escrito hace ya más de un año, pero que como siempre deberán ser reescritos...y acá en adelante un nuevo estilo narrativo (creo, espero y aspiro) y sin más preámbulos: 


¡Bienvenidos! 

lunes, 26 de agosto de 2013

Demian

El muro es demasiado alto, no creo poder ver la luz, mi alma sabe lo que viene: la caída, el chapuzón.
Respiro aun cuando no me queda aliento. Todo está oscuro... estoy cerca al abismo, puedo sentirlo, escucho el llamado y estoy tentada, obligada, a caer.¡De vuelta a la sima! Una vida entera en la sombra y otra en el infierno y al final todo termina en esto...Cierro los ojos y me arrojo al olvido. Y siento el vacío: es alucinante, y me digo una y otra vez: ¡No tengo miedo! ¡No tengo miedo! pero nunca me convenzo. Estoy segura de que esta es la última vez. Ahora, cuando todo parece al fin terminar pienso en lo que fui y en lo que deje atrás, ya nadie, nunca más, pensará en mí.El descenso va bien, creo que ya me acostumbre al vacío, todo sigue oscuro y por poco olvido que aún existo. De algún remoto lugar de lo absoluto viene la música más bella que nunca antes pude escuchar, parece estar más allá del mundo material ¡Es tan serena! ¡Es tan celestial! Y pienso: nada mejor para mi final. Al despertar, todo mi alrededor parece bañado por una nueva claridad, me pregunto: ¿Cómo puedo estar en el cielo, si mi destino final era el infierno? Alguien parece haber escuchado mi pensamiento, oigo una voz nítida y siniestra: -Pues, no estás tan lejos. La voz que no viene de afuera no me asusta, es Demian, siempre queriéndome hacer daño, pero yo ya hace mucho que no le hago caso. Hay un hombre de blanco que parece amable, me acerco y le pregunto:-¿Qué tan lejos estoy del infierno? Él sonríe y enérgicamente me dice:-No estás tan lejos. De nuevo vuelvo a la oscuridad total, puedo sentir nuevamente el vacío, otra vez escucho la maravillosa música, sé que ya no habrá más estaciones, directo a la última parada, directo al infierno y al olvido, y ya puedo sentir el alivio de poner final a mi éxodo eterno.

sábado, 23 de febrero de 2013

Dicotomía entre noche y día

Anoche durante la tormenta más oscura que he visto en toda mi vida, experimenté (no sé si en realidad o por ensueño) los más grávidos horrores y profundos temores. El dolor que se me presentaba sin mascaras ni antifaz, sino tal cual como es en realidad: Insoportable, Intolerable, era para mí como un monstruo colosal con grandes y afiladas garras, que se mostraba placenteramente cauteloso, su mirada y su sonrisa maquiavélica y casi demoníaca me inspiraban terror, sentía la impotencia de verme allí, horrorizada, junto a él sin saber qué hacer. Era una de esas batallas que saben a muerte metafísica ( la más temida y tremenda de todas).

Él atacó primero, con toda la furia y el rencor reprimido por tanto tiempo y a mí me dolió existir como nunca antes pensé que fuera posible, era como estar en medio de un gigantesco hoyo existencial en el que solo había miedo, soledad y culpa. Desde el primer momento en que sucumbí ante él supe que la derrota era inevitablemente para mí, pero aún así seguí, las horas transcurrieron al compás de mi angustia y desesperación, por cada minuto que pasaba había un pequeño estallido en lo más hondo de mi alma, sabía que en cuanto viera la luz del sol el tormento se alejaría, por lo menos durante algunas horas... y eso era suficiente para seguir con vida.


La batalla seguía su curso, el dolor se abría paso por los caminos de la victoria y yo del otro lado, en medio de la derrota inminente, abatida por el cansancio de una lucha sin tregua ni posibilidad de ganar, quería poner fin a todo este absurdo, estaba al borde de la muerte, había sobrepasado los limites inhumanos para resistir, me quedaba sin aliento y sin ganas de seguir, otra vez la discusión interminable sobre si debía acabar o no definitivamente con mi tormento cuando por la fortuna de algún extraño devenir logré conciliar el sueño, y las horas ineluctables como siempre pasaron con su ritmo arrasador.


Al despertar, toda la habitación parecía resplandecer con una claridad que venia de otro mundo ¡Al fin había terminado la más hórrida de todas las pesadillas! Sentía paz y alivio, y después de esos momentos amargos volví a sentir la felicidad de existir.