lunes, 26 de agosto de 2013

Demian

El muro es demasiado alto, no creo poder ver la luz, mi alma sabe lo que viene: la caída, el chapuzón.
Respiro aun cuando no me queda aliento. Todo está oscuro... estoy cerca al abismo, puedo sentirlo, escucho el llamado y estoy tentada, obligada, a caer.¡De vuelta a la sima! Una vida entera en la sombra y otra en el infierno y al final todo termina en esto...Cierro los ojos y me arrojo al olvido. Y siento el vacío: es alucinante, y me digo una y otra vez: ¡No tengo miedo! ¡No tengo miedo! pero nunca me convenzo. Estoy segura de que esta es la última vez. Ahora, cuando todo parece al fin terminar pienso en lo que fui y en lo que deje atrás, ya nadie, nunca más, pensará en mí.El descenso va bien, creo que ya me acostumbre al vacío, todo sigue oscuro y por poco olvido que aún existo. De algún remoto lugar de lo absoluto viene la música más bella que nunca antes pude escuchar, parece estar más allá del mundo material ¡Es tan serena! ¡Es tan celestial! Y pienso: nada mejor para mi final. Al despertar, todo mi alrededor parece bañado por una nueva claridad, me pregunto: ¿Cómo puedo estar en el cielo, si mi destino final era el infierno? Alguien parece haber escuchado mi pensamiento, oigo una voz nítida y siniestra: -Pues, no estás tan lejos. La voz que no viene de afuera no me asusta, es Demian, siempre queriéndome hacer daño, pero yo ya hace mucho que no le hago caso. Hay un hombre de blanco que parece amable, me acerco y le pregunto:-¿Qué tan lejos estoy del infierno? Él sonríe y enérgicamente me dice:-No estás tan lejos. De nuevo vuelvo a la oscuridad total, puedo sentir nuevamente el vacío, otra vez escucho la maravillosa música, sé que ya no habrá más estaciones, directo a la última parada, directo al infierno y al olvido, y ya puedo sentir el alivio de poner final a mi éxodo eterno.

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