El muro es demasiado
alto, no creo poder ver la luz, mi alma sabe lo que viene: la caída, el
chapuzón.
Respiro aun cuando
no me queda aliento. Todo está oscuro... estoy cerca al abismo, puedo sentirlo,
escucho el llamado y estoy tentada, obligada, a caer.¡De vuelta a la
sima! Una vida entera en la sombra y otra en el infierno y al final todo
termina en esto...Cierro los ojos y
me arrojo al olvido. Y siento el vacío: es alucinante, y me digo una y otra
vez: ¡No tengo miedo! ¡No tengo miedo! pero nunca me convenzo. Estoy segura de
que esta es la última vez. Ahora, cuando todo parece al fin terminar pienso en
lo que fui y en lo que deje atrás, ya nadie, nunca más, pensará en mí.El descenso va
bien, creo que ya me acostumbre al vacío, todo sigue oscuro y por poco olvido
que aún existo. De algún remoto
lugar de lo absoluto viene la música más bella que nunca antes pude escuchar,
parece estar más allá del mundo material ¡Es tan serena! ¡Es tan celestial! Y
pienso: nada mejor para mi final. Al despertar, todo
mi alrededor parece bañado por una nueva claridad, me pregunto: ¿Cómo puedo
estar en el cielo, si mi destino final era el infierno? Alguien parece haber
escuchado mi pensamiento, oigo una voz nítida y siniestra: -Pues, no estás tan
lejos. La voz que no viene
de afuera no me asusta, es Demian, siempre queriéndome hacer daño, pero yo ya
hace mucho que no le hago caso. Hay un hombre de
blanco que parece amable, me acerco y le pregunto:-¿Qué tan lejos
estoy del infierno? Él sonríe y
enérgicamente me dice:-No estás tan lejos. De nuevo vuelvo a
la oscuridad total, puedo sentir nuevamente el vacío, otra vez escucho la
maravillosa música, sé que ya no habrá más estaciones, directo a la última
parada, directo al infierno y al olvido, y ya puedo sentir el alivio de poner
final a mi éxodo eterno.